El naturalista a bordo del H.M.S Beagle

Después de ser dos veces rechazado por terribles tempestades, el buque de Su Majestad, Beagle, bric de diez cañones, al mando del capitán Fitzroy, de la marina real, zarpó de Davenport el 27 de diciembre de 1831. El objeto de la expedición era: completar el estudio de las costas de la Patagonia y de la Tierra del Fuego (estudio comenzado bajo las órdenes del capitán Kins, de 1826 a 1830); levantar los planos de las costas de Chile, del Perú y de algunas islas del Pacífico, y por último, hacer una serie de observaciones cronométricas alrededor del mundo.  Éste es, sin lugar a dudas, uno de los viajes más famosos en la historia de la ciencia, debido a que uno de sus tripulantes sacudiría nuestra concepción del mundo y de nosotros mismos en 1859.

Antes de continuar me gustaría que hicieramos un ejercicio, ¿quién era el naturalista a bordo del Beagle en este viaje? Por favor, antes de seguir leyendo, intenta responder a la pregunta y escríbela en la sección de comentarios de esta publicación, eso sí, sin dejarse influir por las respuestas de los demás.

Espero que si ya estás leyendo esta parte, es porque ya escribiste tu respuesta. Casi con seguridad la mayor parte de los lectores que contesten esta pequeña encuesta responderán que el naturalista a bordo del Beagle es Charles Darwin. Sin embargo, esto no es del todo correcto. La identidad del naturalista de la famosa embarcación inglesa y la razón por la que Charles Darwin viajó durante cinco años alrededor del mundo son el tema de uno de los primeros ensayos que publicó Stephen Jay Gould (Darwin’s Sea Change, or Five Years at the Capitan’s Table).

Para no crear más suspenso daremos la respuesta: el naturalista del H.M.S. Beagle era un cirujano llamado Robert McKormick, quien desempeñó ambas funciones, la de cirujano y naturalista. En esa época la marina inglesa tenía una bien establecida tradición de cirujanos-naturalistas. Esta tradición se ilustra en la película Master and Commander (Capitán de mar y guerra) protagonizada por Russell Crowe y Paul Bettany. Este último interpreta el papel del Dr. Stephen Maturin, cirujano y naturalista de la embarcación, que ve frustados sus deseos de ser el primer naturalista en estudiar el archipiélago de las Galápagos.

Ahora bien, si McKormick era el naturalista oficial de la expedición, ¿para qué se embarcó Charles Darwin en el Beagle? Darwin se hizo a la mar como compañero del capitán Fitzroy, principalmente con el objeto de compartir su mesa a la hora de la comida, y en todas las comidas, a lo largo de los cinco años de la expedición. Lo anterior se debe principalmente a que la tradición naval británica establecía que el capitán no podía tener contacto social con ningún miembro inferior de la cadena de mando. El capitán Fitzroy era un aristócrata, entre sus antepasados se encontraba ni más ni menos que el rey Carlos II, por lo que solo un caballero podía compartir sus comidas, en este caso ese caballero fue Charles Darwin.

Sin embargo, Robert McKormick no duró mucho como naturalista del Beagle y en abril de 1832, en Río de Janeiro, “fue dado de baja por invalidez” y enviado de vuelta a Inglaterra.  Así que al final de todo, Charles Darwin quedó como el naturalista de la expedición. Mucho se ha escrito de las consecuencias que esto tuvo para la historia de la ciencia, fue una enorme fortuna que Darwin pudiera desarrollarse como naturalista durante esos cinco años.

Para ilustrar de manera muy breve el trabajo de Darwin como naturalista del Beagle, y con motivo de la reciente muerte de “El solitario George”, último ejemplar de la especie de tortugas gigantes Chelonoidis abingdonii (por cierto, el gobierno de Ecuador ha iniciado los trámites para que se declare al “solitario George” patrimonio cultural) a continuación trancribo parte de la descripción de las tortugas gigantes que aparece en el maravilloso libro: Diario de viaje de un naturalista alrededor del mundo.

Comenzaré por describir las costumbres de la tortuga (Testudo nigra, antiguamente llamada indica), a que tantas veces me he referido. Creo que en todas las islas del archipiélago se encuentran estos animales, pero con seguridad en la mayoría de ellas. Parece que prefieren las partes elevadas y húmedas, aun cuando también se les encuentra en las bajas y áridas. El número de tortugas cazadas en un día prueba su abundancia. Algunas alcanzan tamaños fabulosos; un inglés subgobernador de la colonia, Mr. Lawson, me ha dicho que ha visto tortugas tan grandes, que se necesitaban seis u ocho hombres para levantarlas del suelo, y que algunas daban hasta 200 libras de carne. Los machos viejos son los más grandes; las hembras muy pocas veces alcanzan tales magnitudes; se distingue muy bien el macho de la hembraen que tiene la cola más larga. Las tortugas que habitan las islas donde no hay agua o las partes bajas y secas de las otras islas, se alimentan principalmente de cactos. Las que frecuentan las regiones altas y húmedas comen hojas de distintos árboles, una especie de baya ácida y desagradable llamada guayabita y un líquen filamentoso verde pálido (Usuera plicata) que cuelga como trenzas de las ramas de los árboles.

La tortuga es muy aficionada al agua; bebe grandes cantidades y se revuelca en el barro. Las islas algo grandes de este grupo son las únicas que tienen manantiales, situados siempre en la parte central y a gran altura. Las tortugas que habitan las regiones bajas se ven obligadas a hacer grandes viajes cuando tienen sed. A fuerza de pasar por los mismos sitios, han trazado verdaderos caminos, que irradian en todas direcciones desde los manantiales hasta la costa; siguiendo estos senderos fue como descubrieron los españoles los manantiales. Cuando yo desembarqué en la isla Chátam me preguntaba con extrañeza qué animal seríael que tan metódicamente seguía los senderos trazados en la dirección más corta. Es muy curioso ver cerca de los manatiales un gran número de estas inmensas criaturas, dirigiéndose unas con mucha prisa hacia el agua con el cuello extendido, y las otras marchando en calma con la sed satisfecha. Cuando la tortuga llega al manantial, sin preosuparse de si la miran o no, sumerge la cabeza en el agua y traga apresuradamente grandes bocanadas, unas diez por minuto. Dicen los habitantes que todas las tortugas permanecen tres o cuatro días cerca del manantial, y luego vuelven a las regiones bajas del país, pero es difícil saber si repite con frecuencia las visitas. Probablemente se acomodarán a la naturaleza de los alimentos que usen. De todas maneras, es cierto que pueden vivir hasta en las islas en que no hay más agua que la que cae durante los pocos días lluviosos del año.

Está probado ya hoy, creo, que la vejiga de la rana sirve de reservorio a la humedad necesaria para su existencia, y parece ser que ocurre lo mismo con la tortuga, pues se nota, en efecto, que después de su visita a los manantiales se distiende la vejiga de estos animales de un modo extraordinario y se llena de un fluido que disminuye por grados, haciéndose cada vez menos puro. Los habitantes que viajan por las regiones bajas aprovechan esta circunstancia, cuando la sed los acosa, y beben el contenido de la vejiga si está llena. He visto matar una tortuga en estas condiciones, y el agua que contenía la vejiga estaba perfectamente límpida, aunque con sabor algo amargo. No obstante, los habitantes comienzan por beber el agua que se encuentra en el pericardio, que dicen es mucho mejor.

Cuando las tortugas se dirigen a un punto determinado, caminan día y noche, y llegan al límite de su viaje mucho más pronto de lo que podría creerse. Los habitantes han observado a algunos de estos animales que tenían marcados, y han llegado a saber, por este medio, que andan ocho millas en dos o tres días. Yo he vigilado a una tortuga grande, y andaba 60 metros en diez minutos, lo que hace 360 metros por hora, o sea seis y medio kilómetros al día, dejando un poco tiempo para que comiese en el camino. Durante el celo, en que el macho y la hembra están reunidos, el primero produce un grito ronco, especie de ladrido, que puede oirse, dicen, a más de 100 metros. La hembra nunca hace uso de la voz, y el macho solo en la época que he citado, por lo cual, cuando se oye tal grito, se sabe que los dos animales están juntos.

En la época de mi visita (octubre) ponían las hembras que depositan sus huevos en grupos; cuando el suelo es arenoso los cubren con arena, y cuando es rocoso los depositan en los agujeros o fisuras que pueden encontrar. Mr. Byone encontró siete en una fisura. El huevo es blanco y esférico; he medido uno que tenía siete pulgadas y tres octavos de circinferencia, que era, por lo tanto, más grueso que un huevo de gallina. Los buhos hacen encarnizada guerra a las tortugas jóvenes al salir del huevo; las que llegan a viejas no parece que mueran sino por accidente, cayendo, por ejemplo, desde lo alto de un precipicio; al menos los habitantes de las islas me han asegurado que no han visto nunca que una tortuga muera de muerte natural.

Se cree que estos animales son completamente sordos, y en efecto, no oyen a una persona que camine inmediatamente detrás de ellos. Es muy divertido adelantarse a uno de estos mounstruos, que marcha tranquilamente; en cuanto observa al hombre silba con fuerza, encoge las patas y la cabeza, cubriéndolas con el caparazón, y se deja caer con abandono sobre el suelo, como si hubiese sido víctima de un golpe mortal. Muchas veces montaba yo sobre la concha, y golpeando en la parte posterior de ésta se levantaba el animal y sigue marchando; pero es muy difícil sostenerse de pie encima de ellas cuando andan. Se consumen grandes cantidades de carne de estos animales, ya fresca, ya salada; las partes grasas proporcionan un aceite en extremo líquido. Cuando se coge una tortuga se empieza, por lo común, haciéndole una abertura en la piel, cerca de la cola, para ver si la gordura llena todo el espacio hueco de debajo de la concha. Si no está bastante gorda se la deja ir, y dicen que no la perjudica nada en adelante la referida operación. Para apoderarse de una tortuga de tierra no basta, como se hace con las de mar ponerlas patas arriba, porque casi siempre logran volver a su posición normal.

Es casi seguro que esta tortuga es habitante indígena del archipiélago de las Galápagos, pues se la encuentra en todas o en casi todas las islas del grupo, hasta en las muy pequeñas en que no hay agua. Si hubiese sido importada esta especie, es probable que no lo hubiera sido en un archipiélago tan poco frecuentado. Además, los cazadores antiguos la han encontrado en cantidad mucho mayor de la que se halla ahora. Mr. Wood y Mr. Rogers decían también en 1778 que, según los españoles, no se encuentra en ninguna otra parte del mundo. Hoy se ve a esta tortuga en muchos puntos, pero es dudoso que sea indígena en ningún otro lugar…

Para terminar, recordando aquella máxima de que los viajes ilustran, me gustaría compartir el último párrafo del diario de Darwin para promover que no solo los naturalistas sino todo mundo viajemos lo más posible:

Pero me ha proporcianado tan grandes alegrías este viaje, que no dudo en recomendar a todos los naturalistas, aun cuando no puedan lograr tan amables compañeros como los míos, que viajen a todo trance y emprendan excursiones por tierra, si es posible, o si no, largas travesías. Se puede estar seguro, salvo en casos extremadamente raros, de no tener demasiadas dificultades graves que vencer ni grandes peligros que afrontar. Ejercitan estos viajes la paciencia, borran todo rasgo de egoismo, enseñan a elegir por uno mismo y a acomodarse a todo; en una palabra, dan las cualidades que distinguen a los marinos. También enseñan los viajes un poco a desconfiar, pero permiten descubrir que hay en el mundo muchas personas de corazón exelente, dispuestas siempre a seriviros, aun cuando no se las haya visto jamás ni deban volverse a encontrar nunca.

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Querido señor Einstein:

No voy a negar los enormes beneficios que tiene el internet en nuestros días (así como tampoco voy a ignorar las horribles cosas que pasan en la red), sin embargo una de las actividades humanas que noto con tristeza que se han perdido por su causa es el comunicarnos a través de cartas. En esta ocasión quiero compartir con ustedes (y hacer un poco de publicidad) un bellísimo libro que reune parte de la correspondencia entre Albert Einstein y los niños. ¡Sí, leyeron bien! Remarco esto porque creo que hay aquí dos cosas que deberíamos luchar por rescatar, una es que los niños escriban, expresen sus ideas, dudas, sentimientos, deseos, etc. Y por otro lado, que los científicos (la mayoría, no todos) de nuestros días aprendan un poco de este gran hombre y bajen del pedestal donde se  encuentran para tener mayor contacto con los niños, y con el público en general, para acercar a todos al maravilloso mundo de la ciencia, lograr que la gente la vea como algo suyo, cercano y no como algo inalcanzable.

El libro es: Querido Profesor Einstein: Correspondencia entre Albert Einstein y los niños. Alice Calaprice. Gedisa. 2003.

A continuación comparto con ustedes una selección de las cartas que me parecieron más entrañables.

Para Elizabeth Ley, Stuttgart

30 de septiembre de 1920

Querida señorita Ley:

Elsa me comenta que está usted descontenta porque no consigue ver a su tío Einstein. Así pues, le diré qué aspecto tengo: rostro pálido, cabello largo y una modesta panza. Además, andares extraños, un puro —si se da esa suerte— en la boca y una pluma en el bolsillo o en la mano. Pero su tío no tiene verrugas ni piernas arqueadas y, por tanto, es bastante guapo; y tampoco tiene vellos en las manos, como les ocurre a los hombres feos. De manera que es una pena que no consiga verme.

Con saludos cordiales,

su tío Einstein

De Phyllis, Nueva York.

19 de enero de 1936

Mi querido doctor Einstein:

Nos hemos planteado la pregunta “¿Los científicos rezan?” en la clase de catequesis. Surgió al preguntarnos si podíamos creer a la vez en la ciencia y en la religión. Estamos escribiendo a científicos y otros hombres importantes, con la intención de obtener una respuesta a la pregunta.

Nos honraría recibir su respuesta a la pregunta:¿Los científicos rezan y para qué rezan?

Somos alumnos de sexto curso, de la clase de la señorita Ellis.

Respetuosamente,

Phyllis

Para Phyllis, Nueva York

24 de enero de 1936

Querida Phyllis:

Intentaré responder a tu pregunta con la máxima sencillez que pueda. Esta es mi respuesta:

Los científicos creen que todo lo que ocurre, incluidos los asuntos humanos, se deben a las leyes de la naturaleza. Por tanto, un científico no se siente inclinado a creer que el curso de los acontecimientos pueda verse influido por una plegaria, es decir, por un deseo manifestado de manera sobrenatural.

Ahora bien, debemos reconocer que nuestro conocimiento actual de estas fuerzas es imperfecto, de manera que, en última instancia, la creencia en la existencia de un espíritu último se basa en algún tipo de fe. Tal creencia continua siendo muy común, a pesar de los logros actuales de la ciencia.

Pero asimismo, todo el que desarrolla concienzudamente una investigación científica se convence de que existe cierto espíritu manifiesto en las leyes del universo, inmensamente superior al del hombre. En este sentido, el objetivo de la ciencia conduce a un especial sentimiento religioso que, sin duda, es bastante diferente de la religiosidad de alguien más ingenuo.

Con un saludo cordial,

A. Einstein

De Phyllis, Nueva York

Campamento de Robin Hood [1937]

Mi querido seños Einstein:

Imagino que no habrá recibido nunca cartas tan raras, pero espero que no le incomode. Ayer estuvimos hablando sobre el señor Houdini (que era el mejor mago del mundo) y sí sobre conocía o no la cuarta dimensión. Alguien dijo que usted descubrió la cuarta dimensión pero no puede atravesar las paredes. Pam Statton dijo que el señor Houdini conocía la cuarta dimensión y era capaz de atravesar paredes. ¿Es cierto? Por favor, escríbame para decirme si la cuarta dimensión es el tiempo y explíquemelo. Le adjunto también una carta de Emily Jane Reese, también está interesada en saberlo.

Lo sentimos mucho por la señora Houdini, e intentamos entablar contacto con su marido para ayudarla a comunicarse también con él, pues parece que no puede. Por favor, no crea que somos tontas y todo eso, porque no es así. Yo tengo trece años y no escribo esto para tomarle el pelo ni para ridiculizarlo en absoluto. Por favor, créanos y escríbanos.

Le saluda atentamente,

Phyllis

P.S. Por favor, disculpe a E. J. Reeses por su ortografía. Nuestra directora dijo que debíamos llamarlo Profesor, así que no se enfade si nos dirijimos a usted como señor Einstein.

Hubiera sido muy interesante leer la respuesta de Einstein a esta carta.

De Barbara, Washington D.C.

3 de enero de 1943

Querido Señor:

Hace mucho tiempo que lo admiro. He intentado escribirle muchas veces, pero siempre acabo rompiendo la carta. Porque usted es una persona muy brillante y por lo que he leído siempre ha sido así. Yo solo soy una alumna media de doce años…

Casi todas las chicas de mi clase tienen héroes a quienes escriben cartas. Mis héroes son usted y mi tío, que pertenece al guardacostas.

En matemáticas soy una alumna inferior a la media. Tengo que dedicar más tiempo que la mayoría de mis amigas. Me preocupa (quizás demasiado), aunque imagino que al final aprobaré.

Una tarde, cuando escuchaba por la radio el Readers Digest con mi familia, oí una historia de una niña de ocho años y usted. Entonces le dije a mi madre que quería escribirle. Ella me respondió que “Sí” y que era posible que usted me respondiera. Oh, señor, espero que me escriba. Mi nombre y dirección aparecen abajo.

Le saluda atentamente,

Barbara

A continuación la respuesta a esta carta.

Para Barbara, Washington D.C.

7 de enero de 1943

Querioda Barbara:

Me encantó tu amable carta. Hasta el momento no me había planteado ni en sueños ser un héroe, pero puesto que me has designado como tal, ahora siento que sí lo soy. Así debe de sentirse un hombre que acaba de ser elegido presidente de los Estados Unidos.

No te preocupes por tus dificultades con las matemáticas; puedo asegurarte que las mías eran aún mayores.

Te saluda atentamente

El profesor Albert Eisntein

De Anne

[1951]

Querido señor Einstein:

Soy una niña pequeña de seis años.

Vi su fotografía en el periódico. Creo que debería cortarse el pelo, para estar más guapo.

Un saludo cordial,

Anne

De Sam, Virginia occidental

6 de mayo de 1949

Querido señor Einstein:

Le escribo para que nos resuelva una discusión que hemos tenido un chico y yo en el colegio hoy. Los dos estamos en octavo. Es una pregunta rara, pero tiene mucho que ver con usted. Este amigo mío dice que todos los genios acaban volviéndose locos porque en el pasado siempre ha sido así. Yo no he podido convencerle de que al menos un genio no se volvió loco en el pasado. Le he dicho que usted era un genio y que no se había vuelto loco. Mi amigo dice que usted enloquecerá en menos de un año. Le he contestado que no. Nuestros profesores no han tomado partido y, como era una discusión muy acalorada, hemos decidido escribirle para saber lo que piensa usted. A ser posible, intente no volverse loco. Entre usted y yo, creo que mi amigo no está bien de la cabeza.

Por favor, escríbame y deme su opinión sobre este asunto (tanto si pierde su valiosa cabeza como si no).

Le saluda atentamente,

Sam

Y para finalizar, la que me parece nos ilustra mejor el carácter y personalidad del profesor.

Redacción de un niño [c. 1949, Princeton]

Un día memorable

En una ocasión, hace dos o tres años, mi madre nos dijo a mi hermano y a mí que el gran científico, el profesor Einstein, vendría a comer próximamente. Cuando llegó el día, mi madre nos pidió que nos comportásemos bien para causarle una buena impresión. Al acercarse el momento, comencé a asustarme. No sabía como actuar delante de una celebridad. Pero cuando empezó a hablar con nosotros perdí todo el miedo, porque supe que le gustaban los niños.

Pensé que ni podría comer a causa de la emoción y el temor provocados por aquel gran hombre, pero cuando vi cuánto comía el profesor Einstein y cómo disfrutaba, decidí comer tranquilo.

Después del almuerzo, me preguntó cortésmente si nos gustaría oírle tocar el violín que había traído. Y desde luego, nos complacía enormemente. Entonces el gran profesor se quitó el abrigo, se remangó la camisa, y tocó dos o tres piezas.

No mencionó ni una sola vez su obra, solo habló de cosas que podíamos comprender. Era tan sencillo y amable, que nadie hubiera imaginado que es un gran profesor. En mi opinión, no solo es grandioso, sino también noble.

Espero que les haya picado la cresta y busquen leer este maravilloso libro.

Hasta la próxima,

Mario Alberto

¿Y quién es ese señor?

No tengo el enorme privilegio y responsabilidad de ser padre, razón por la cual no conozco la música que escuchan los niños pequeños hoy en día. En mi caso, cuando era niño tuve la enorme fortuna (que seguramente comparto con millones de mexicanos) de escuchar la música de Francisco Gabilondo Soler, es decir la música de Cri-Cri, el grillo cantor. Sospecho que los niños de ahora no han tenido esa fortuna, lo que es realmente triste, pero para aquellos que crecieron con el mundo fantástico que nos describía Cri-Cri en su música no será difícil recordar, e incluso cantar, la famosa introducción musical con que daban inicio las transmisiones originales de radio. La letra de esta introducción consistía en dos preguntas con sendas respuestas:

¿Quién es el que anda ahí?

Es Cri-Cri, es Cri-Cri,

¿Y quién es ese señor?

El grillo cantor

Un día al escuchar por accidente esta pequeña, pero maravillosa introducción, me di cuenta de cómo es que tenía que iniciar el homenaje a Stephen Jay Gould. Y la verdad es que el comienzo más lógico para este homenaje es justamente dar respuesta a la segunda pregunta de la introducción: ¿Y quién es ese señor?

La ciencia se desarrolla en dos etapas, la primera y más importante es tener una pregunta interesante. De manera similar a la ciencia, ya tenía mi pregunta, lo que me hizo pasar inmediatamente a lo siguiente, cómo darle respuesta. Y otra vez, parecido a lo que pasa en la ciencia, donde existen muchas formas de responder una pregunta (ahí radica la parte creativa de la ciencia), noté que tenía de manera clara al menos dos caminos diferentes para responder. El primero es presentar de manera biográfica, estilo Wikipedia, la vida y obra de Gould. Sin embargo, creo que para los lectores sería más adecuado ir a sitios como el mismo Wikipedia y otros similares, para encontrar dichos datos biográficos y no estar leyendo mp cosmos. La segunda aproximación es relatar desde una perspectiva personal, quién ha sido y qué ha representado Gould a lo largo de mi vida. Al final decidí mezclar un poco ambas, pero dándole mayor importancia a la perspectiva personal.

Stephen Jay Gould nació el 10 de septiembre de 1941 en Nueva York. Fue paleontólogo, biólogo evolutivo, ensayista, historiador y divulgador de la ciencia, coleccionista de libros antiguos (sobre todo los relacionados con historia natural), cantante en un coro, aficionado al béisbol (fanático de los Yankees) e incluso apareció en dos capítulos de The Simpsons. En el ámbito académico fue un experto en caracoles terrestres de las Bahamas (del género Cerion en particular), y es conocido por formular junto con Niles Eldredge la “Teoría de los Equilibrios Puntuados” —de la que hablaremos en otro escrito durante el homenaje en mp cosmos—, además de muchas otras aportaciones en biología evolutiva, vienen a mi mente algunos de sus trabajos sobre la radiación del Cámbrico y extinciones masivas. Será en otro escrito en donde profundizaremos sobre su obra académica, no desesperen.

Quizás la actividad que más fama le dio a Gould, fue su labor como ensayista. Desde 1974 y hasta 2001, publicó sin interrupción un ensayo mensual en la revista Natural History; como él mismo afirmó “contra viento y marea, cáncer o la Serie Mundial”. Todos estos ensayos fueron reunidos en diversos libros con títulos como: El pulgar del panda; La sonrisa del Flamenco; Ocho cerditos; Brontosaurus y la nalga del ministro; Un dinosaurio en un pajar; Dientes de gallina y dedos de caballo, etc.

En 1982 se le diagnóstico mesotelioma abdominal, un cáncer raro, grave, asociado a la exposición de asbesto, incurable y —como él mismo explica en el maravilloso ensayo La mediana no es el mensaje— con una mortalidad mediana de solo ocho meses después del diagnóstico. Finalmente, falleció el 20 de mayo de 2002.

Hasta aquí desarrollo la aproximación tipo Wikipedia, pasemos a la perspectiva personal. Para ser honesto no puedo decir exactamente desde cuando escuché hablar de Stephen Jay Gould. Es curioso pero su presencia en mi vida se remonta a mi infancia, quizás a los siete u ocho años, pero no puedo afirmarlo con seguridad. En esa época es probable que haya escuchado su nombre, pero seguramente no era algo importante para mi. Lo que sí recuerdo es a mi papá hablar frecuentemente de un libro, El pulgar del panda. Esto sí quedó grabado en mi memoria y de alguna manera me llamaba la atención, más cuando en la portada de dicho libro podía ver la ilustración de un panda sentado comiendo bambú. Este libro me atraía, tanto por su portada como por escuchar a mi papá hablar de él como un muy buen libro, sin embargo, apenas comenzaba a leer y realmente no entendía muy bien de qué trataba el libro.

Al pasear por las hojas de El pulgar del panda, recuerdo que llamó mi atención encontrar una serie de dibujos de Mickey Mouse. Esto convirtió este libro en algo todavía más misterioso y difícil de comprender para mi, un niño de siete u ocho años que se preguntaba: ¿qué tiene que ver el pulgar de un panda con Mickey Mouse? Mis intentos por leer el libro y resolver esta duda fueron infructuosos, simplemente no entendía de qué trataba el libro, sobre todo porque al parecer no trataba de pandas.

Todo cambió diez años más tarde cuando comencé a estudiar Biología, esta vez no solo disfrutaba los libros de ensayos de Gould, sino que podía acercarme a sus publicaciones técnicas. Así, poco a poco Gould se fue convirtiendo en una especie de héroe intelectual. En sus libros de ensayos me asombra esa capacidad de poder utilizar las estadísticas de porcentaje de bateo, la evolución en los dibujos de Mickey, un relato sobre el niño Mozart, recuerdos de la infancia e incluso su enfermedad para explicar diversos aspectos de evolución o historia natural. En su obra técnica siempre admiré ese carácter iconoclasta que lo caracterizó.

En los comienzos de mi carrera como biólogo, fueron los moluscos continentales mi principal tema de trabajo. Nuevamente me volví a encontrar con la obra de Gould, experto en los caracoles del género Cerion. Ahora no solo era un héroe intelectual, sino un colega. Desde entonces el trabajo de Gould no ha dejado de influir en mi carrera y en mi vida personal. Como biólogo experimental me han sido muy útiles los diversos ensayos o trabajos que dedicó a ciertos aspectos de la estadística. Recuerdo lo mucho que me hizo reflexionar su libro La falsa medida del hombre, no solo por toda la discusión que desarrolla sobre estadística y análisis de correlación, sino sobre todo acerca del carácter e impacto social que tiene la ciencia. Este es un libro que todo mundo debería de leer, un verdadero clásico.

En diversos ensayos o libros se pueden notar, a mi parecer, algunos detalles acerca de Gould como persona. Me parece que fue una persona con un gran sentido del humor, pero sobre todo optimista. Ese optimismo queda de manifiesto en su lucha de veinte años contra el cáncer, donde la actitud fue su principal arma. También se identifica que fue un buen padre, orgulloso de su hijo autista Jesse a quien dedica el final de su libro Milenio, algo realmente conmovedor.

Este homenaje apenas comienza, y habrá tiempo y espacio para hablar más de este importante personaje de la ciencia y la cultura del siglo XX. Solo para finalizar, viene a mi mente como Gould relata que su interés por la ciencia nació un día en que visitó el Museo de Historia Natural y observó el esqueleto de un Tyranosaurus rex, así en la dedicatoria de uno de sus libros de ensayos agradece a sus padres el haberlo llevado a ver al Tyranosaurus. Así, de manera similar, solo me queda agradecer a mi papá, que me hablaba de El Pulgar del Panda cuando era niño.

Mario Alberto Pacheco Escobedo

Esta publicación es parte del homenaje a Stephen Jay Gould que se organiza aquí en mp cosmos. Consulta la publicación “Homenaje a Stephen Jay Gould” para más información.

La enciclopedia de la vida

A todos los biólogos y no biólogos que sigan este sitio, los invito a visitar, disfrutar y participar en el maravilloso proyecto de Encyclopedia of Life. Un ambicioso proyecto que busca poner al acceso de todo mundo toda la información que se tiene acerca de toda la biodiversidad. ¡Recientemente han llegado al millón de especies! Una tarea formidable. Es gratuito y está apoyado por instituciones serias. Espero lo disfruten y divulguen este maravilloso esfuerzo. El sitio es: http://eol.org/.

También tienen un blog: http://blog.eol.org/

 

Espero lo disfruten, sean o no biólogos la biodiversidad es un regalo maravilloso que debemos conocer, cuidar y disfrutar.

 

Hasta la próxima,

 

Mario Alberto Pacheco Escobedo

Podcast oficial de “El Explicador”

La semana pasada fue una gran tristeza saber que el programa de radio “El explicador” salía del aire. Afortunadamente este gran esfuerzo de divulgación de la ciencia producto del esfuerzo de los biólogos Enrique Ganem y María de los Ángeles Aranda no ha quedado del todo en el silencio. Es grato saber que el Explicador sigue su labor de poner al alcance de todos las maravillas de la ciencia. El programa sigue teniendo una emisión diaria de lunes a viernes en la liga http://www.ivoox.com/perfil-explicador_aj_177425_1.html. Esta liga la podrán encontrar siempre disponible en la sección de enlaces de mpcosmos.

La enorme ventaja que se tiene es que los programas se pueden escuchar en el momento y cuantas veces desee uno. Espero les sea de utilidad.

Galería de Smithsonian National Museum of Natural History

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Asistir a un museo siempre es una gran experiencia, y seguramente entrar a alguno de los grandes museos del mundo debe ser una experiencia inigualable, ¿a quién no le gustaría ir al British Museum o al Smithsonian? Desafortunadamente, asistir a estos museos no siempre es posible para la gran mayoría de nosotros, pero gracias a la red tenemos la posibilidad de disfrutar, al menos en parte, de algunas de las exhibiciones que estos museos hacen disponibles para los internautas.

Esta vez quiero compartir con ustedes la galería de fotografías que el Smithsonian National Museum of Natural History hace disponibles en la red. En esta liga: http://www.flickr.com/photos/nmnh/, se pueden apreciar numerosas fotos de mariposas, las caprichosas formas de las diatomeas y una pequeña muestra de una exhibición de fotografías de radiografías de peces (para los que puedan ir en persona dicha exhibición estará hasta el 5 de agosto de este año).

Aquí una pequeña muestra, ojalá la disfruten.

Hasta la próxima.

Homenaje a Stephen Jay Gould

El día de hoy (mientras me dirijía hacia el laboratorio y pensaba acerca de un montón de cosas inútiles o que solo me hacen daño y debiera de comenzar a olvidar) recordé que el próximo 20 de mayo se cumplen 10 años del fallecimiento de Stephen Jay Gould. Lo anterior resulta un muy buen pretexto, si es que se necesita alguno, para realizar un muy merecido homenaje a uno de los biólogos y ensayistas más influyentes del siglo XX.

Así, con la idea de homenajear a Gould, me gustaría invitar a todos los lectores de este blog a participar y realizar este homenaje juntos. Estoy consciente de que tanto mi persona como el sitio no gozamos de una gran convocatoria, pero el esfuerzo se hará, así que invito a todos a participar y que manden escritos breves o extensos sobre temas relacionado con este gran paleontólogo y escritor norteamericano. Los escritos que sean recibidos los publicaremos aquí en el blog dando por supuesto el crédito correspondiente y se sumarán a lo que ya de por sí iré publicando.

Para aquellos que no sepan quien fue Stephen Jay Gould, pues los invitamos a investigar y acercarse a los diversos libros de ensayos que publicó, además claro de estar al pendiente e ir leyendo lo que publiquemos aquí. También pondré las ligas de sitios donde se puede encontrar información interesante.

Espero se corra la voz, participen y logremos hacer algo interesante. Las sugerencias que deseen hacer son bien recibidas. Los escritos que envíen serán en formato libre, deberán ser originales (por supuesto) y los pueden enviar a mi dirección de correo: zeitgeist_mp@hotmail.com

Mario Alberto Pacheco Escobedo