Sobre el éxito y el mérito

¿Alguna vez han reflexionado acerca de si el éxito o la fama necesariamente son fruto de los méritos o capacidades de una persona en particular? El hecho de que tengamos la habilidad o sensibilidad de poder distinguir las capacidades de una persona, independientemente de su fama o prestigio puede resultar, a mi manera de ver las cosas, extremadamente útil en la vida real. Un bello ejemplo que ilustra a la perfección como la fama, ocasionada por la ignorancia de las mayorías, puede recaer en las personas equivocadas viene de una vieja historia china.

Según cuenta dicha historia, un noble de la antigua China preguntó a su médico personal, que pertenecía a una familia de médicos, cuál de ellos era el más experto en su arte. El médico, cuya reputación era la de ser el más grande médico del país, respondió; “Mi hermano mayor ve el espíritu de la enfermedad y lo elimina antes de que cobre forma, así que su fama no va más allá de las puertas de su casa. El segundo de mis hermanos cura la enfermedad cuando todavía es muy leve, así que su fama no va más allá de su vecindario. En cuanto a mi, perforo venas, receto pociones y masajeo la piel, así que, de vez en cuando, mi fama se extiende y llega a oídos de los nobles”.

Este relato, el cual podríamos analizar y discutir desde muy distntos puntos de vista, ilustra a la perfección la independencia que existe entre fama y méritos. Indudablemente el mejor médico es aquel que logra mantener el organismo sano, sin necesidad de mayores intervenciones. Sin embargo, nos dejamos deslumbrar por aquellos médicos que recetan una gran cantidad de medicamentos o hacen complicados y caros tratamientos. Por otro lado, a un médico que mantiene nuestro organismo sano para evitar el desarrollo de enfermedades, o que tiene la capacidad de reconocer alteraciones en el estado de salud, antes de que síntomas más drásticos de la enfermedad se desarrollen, solemos menospreciarlos o dudar de su capacidad.

En el arte de la guerra de Sun Tzu, de manera muy similar a la anterior historia, se resalta que los grandes guerreros no son necesariamente aquellos que libraron grandes batallas, por consiguiente los más famosos; los grandes guerreros son aquellos que fueron capaces de disponer las cosas de tal manera que no hubo necesidad de una batalla o si ésta se presentó se logró la victoria sin necesidad de grandes sacrificios.

La mayoría de las personas, producto de la ignorancia y falta de sensibilidad, se dejan deslumbrar por grandes actos, imponentes despliegues de recursos, apariencia física, fama, número de reconocimientos o premios; y dejan de lado los verdaderos méritos, que son mucho más difíciles de apreciar si no existe una observación cuidadosa y un conocimiento adecuado del oficio en cuestión.

Todo lo anterior podría resultar simplemente anecdótico, pero no lo es. Todo el tiempo tenemos que tomar decisiones en donde la capacidad de distinguir entre la fama y la verdadera capacidad de una persona nos sería de enorme utilidad. La historia china ya nos dió un ejemplo, pero la utilidad de desarrollar dicha capacidad no se detiene ahí. En la democracia debemos elegir a nuestros gobernantes, y resulta curioso cuáles son los criterios de las personas (la mayoría, no todas) para decidir su voto: fama, carisma, despliegues publicitarios, etc.

Para muchos estudiantes que buscan un asesor para desarrollar su trabajo de titulación, ya sea de licenciatura o de posgrado, esta capacidad de distinguir fama de méritos resulta crucial. Una gran cantidad de estudiantes buscan trabajar con reconocidos profesores con un historial académico impresionante, pero desgraciadamente muchos estudiantes descubren que no necesariamente estos profesores son realmente los mejores. Una gran cantidad de académicos se dedican simplemente a incrementar su prestigio, pero en el fondo su real actividad académica es verdaderamente pobre. Lo anterior es comprendido por muchos estudiantes después de amargas experiencias. Queda como recomendación de este sitio para los jóvenes estudiantes que no se dejen deslumbrar por la fama, reconocimiento o número de premios para elegir a sus asesores. Debe de haber antes un cuidadoso examen de la verdadera labor y forma de trabajar de los académicos. No dudo que en muchas ocasiones la fama sea sinónimo de mérito, deben de existir numerosos investigadores o profesores en donde fama y méritos vayan de la mano, pero tristemente esa no es la norma.

Aprendamos a reconocer la capacidad, méritos y espíritu de las personas. Desarrollar esa sensibilidad nos será de gran utilidad, como personas, como ciudadanos y como estudiantes.

Hasta la próxima,

MAPE