¿Y quién es ese señor?

No tengo el enorme privilegio y responsabilidad de ser padre, razón por la cual no conozco la música que escuchan los niños pequeños hoy en día. En mi caso, cuando era niño tuve la enorme fortuna (que seguramente comparto con millones de mexicanos) de escuchar la música de Francisco Gabilondo Soler, es decir la música de Cri-Cri, el grillo cantor. Sospecho que los niños de ahora no han tenido esa fortuna, lo que es realmente triste, pero para aquellos que crecieron con el mundo fantástico que nos describía Cri-Cri en su música no será difícil recordar, e incluso cantar, la famosa introducción musical con que daban inicio las transmisiones originales de radio. La letra de esta introducción consistía en dos preguntas con sendas respuestas:

¿Quién es el que anda ahí?

Es Cri-Cri, es Cri-Cri,

¿Y quién es ese señor?

El grillo cantor

Un día al escuchar por accidente esta pequeña, pero maravillosa introducción, me di cuenta de cómo es que tenía que iniciar el homenaje a Stephen Jay Gould. Y la verdad es que el comienzo más lógico para este homenaje es justamente dar respuesta a la segunda pregunta de la introducción: ¿Y quién es ese señor?

La ciencia se desarrolla en dos etapas, la primera y más importante es tener una pregunta interesante. De manera similar a la ciencia, ya tenía mi pregunta, lo que me hizo pasar inmediatamente a lo siguiente, cómo darle respuesta. Y otra vez, parecido a lo que pasa en la ciencia, donde existen muchas formas de responder una pregunta (ahí radica la parte creativa de la ciencia), noté que tenía de manera clara al menos dos caminos diferentes para responder. El primero es presentar de manera biográfica, estilo Wikipedia, la vida y obra de Gould. Sin embargo, creo que para los lectores sería más adecuado ir a sitios como el mismo Wikipedia y otros similares, para encontrar dichos datos biográficos y no estar leyendo mp cosmos. La segunda aproximación es relatar desde una perspectiva personal, quién ha sido y qué ha representado Gould a lo largo de mi vida. Al final decidí mezclar un poco ambas, pero dándole mayor importancia a la perspectiva personal.

Stephen Jay Gould nació el 10 de septiembre de 1941 en Nueva York. Fue paleontólogo, biólogo evolutivo, ensayista, historiador y divulgador de la ciencia, coleccionista de libros antiguos (sobre todo los relacionados con historia natural), cantante en un coro, aficionado al béisbol (fanático de los Yankees) e incluso apareció en dos capítulos de The Simpsons. En el ámbito académico fue un experto en caracoles terrestres de las Bahamas (del género Cerion en particular), y es conocido por formular junto con Niles Eldredge la “Teoría de los Equilibrios Puntuados” —de la que hablaremos en otro escrito durante el homenaje en mp cosmos—, además de muchas otras aportaciones en biología evolutiva, vienen a mi mente algunos de sus trabajos sobre la radiación del Cámbrico y extinciones masivas. Será en otro escrito en donde profundizaremos sobre su obra académica, no desesperen.

Quizás la actividad que más fama le dio a Gould, fue su labor como ensayista. Desde 1974 y hasta 2001, publicó sin interrupción un ensayo mensual en la revista Natural History; como él mismo afirmó “contra viento y marea, cáncer o la Serie Mundial”. Todos estos ensayos fueron reunidos en diversos libros con títulos como: El pulgar del panda; La sonrisa del Flamenco; Ocho cerditos; Brontosaurus y la nalga del ministro; Un dinosaurio en un pajar; Dientes de gallina y dedos de caballo, etc.

En 1982 se le diagnóstico mesotelioma abdominal, un cáncer raro, grave, asociado a la exposición de asbesto, incurable y —como él mismo explica en el maravilloso ensayo La mediana no es el mensaje— con una mortalidad mediana de solo ocho meses después del diagnóstico. Finalmente, falleció el 20 de mayo de 2002.

Hasta aquí desarrollo la aproximación tipo Wikipedia, pasemos a la perspectiva personal. Para ser honesto no puedo decir exactamente desde cuando escuché hablar de Stephen Jay Gould. Es curioso pero su presencia en mi vida se remonta a mi infancia, quizás a los siete u ocho años, pero no puedo afirmarlo con seguridad. En esa época es probable que haya escuchado su nombre, pero seguramente no era algo importante para mi. Lo que sí recuerdo es a mi papá hablar frecuentemente de un libro, El pulgar del panda. Esto sí quedó grabado en mi memoria y de alguna manera me llamaba la atención, más cuando en la portada de dicho libro podía ver la ilustración de un panda sentado comiendo bambú. Este libro me atraía, tanto por su portada como por escuchar a mi papá hablar de él como un muy buen libro, sin embargo, apenas comenzaba a leer y realmente no entendía muy bien de qué trataba el libro.

Al pasear por las hojas de El pulgar del panda, recuerdo que llamó mi atención encontrar una serie de dibujos de Mickey Mouse. Esto convirtió este libro en algo todavía más misterioso y difícil de comprender para mi, un niño de siete u ocho años que se preguntaba: ¿qué tiene que ver el pulgar de un panda con Mickey Mouse? Mis intentos por leer el libro y resolver esta duda fueron infructuosos, simplemente no entendía de qué trataba el libro, sobre todo porque al parecer no trataba de pandas.

Todo cambió diez años más tarde cuando comencé a estudiar Biología, esta vez no solo disfrutaba los libros de ensayos de Gould, sino que podía acercarme a sus publicaciones técnicas. Así, poco a poco Gould se fue convirtiendo en una especie de héroe intelectual. En sus libros de ensayos me asombra esa capacidad de poder utilizar las estadísticas de porcentaje de bateo, la evolución en los dibujos de Mickey, un relato sobre el niño Mozart, recuerdos de la infancia e incluso su enfermedad para explicar diversos aspectos de evolución o historia natural. En su obra técnica siempre admiré ese carácter iconoclasta que lo caracterizó.

En los comienzos de mi carrera como biólogo, fueron los moluscos continentales mi principal tema de trabajo. Nuevamente me volví a encontrar con la obra de Gould, experto en los caracoles del género Cerion. Ahora no solo era un héroe intelectual, sino un colega. Desde entonces el trabajo de Gould no ha dejado de influir en mi carrera y en mi vida personal. Como biólogo experimental me han sido muy útiles los diversos ensayos o trabajos que dedicó a ciertos aspectos de la estadística. Recuerdo lo mucho que me hizo reflexionar su libro La falsa medida del hombre, no solo por toda la discusión que desarrolla sobre estadística y análisis de correlación, sino sobre todo acerca del carácter e impacto social que tiene la ciencia. Este es un libro que todo mundo debería de leer, un verdadero clásico.

En diversos ensayos o libros se pueden notar, a mi parecer, algunos detalles acerca de Gould como persona. Me parece que fue una persona con un gran sentido del humor, pero sobre todo optimista. Ese optimismo queda de manifiesto en su lucha de veinte años contra el cáncer, donde la actitud fue su principal arma. También se identifica que fue un buen padre, orgulloso de su hijo autista Jesse a quien dedica el final de su libro Milenio, algo realmente conmovedor.

Este homenaje apenas comienza, y habrá tiempo y espacio para hablar más de este importante personaje de la ciencia y la cultura del siglo XX. Solo para finalizar, viene a mi mente como Gould relata que su interés por la ciencia nació un día en que visitó el Museo de Historia Natural y observó el esqueleto de un Tyranosaurus rex, así en la dedicatoria de uno de sus libros de ensayos agradece a sus padres el haberlo llevado a ver al Tyranosaurus. Así, de manera similar, solo me queda agradecer a mi papá, que me hablaba de El Pulgar del Panda cuando era niño.

Mario Alberto Pacheco Escobedo

Esta publicación es parte del homenaje a Stephen Jay Gould que se organiza aquí en mp cosmos. Consulta la publicación “Homenaje a Stephen Jay Gould” para más información.

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